¡Te pido perdón VENEZUELA!

Te pido perdón Venezuela…, no por haberte agredido, ni por haberte mentido, ni por haberme olvidado de ti, ni por haber incumplido mis deberes ciudadanos, ni por haberme ido a vivir al exterior, ni por haber hablado mal de ti en la distancia…

Te pido perdón Venezuela por estar desbordado de tristeza (la rabia termina desapareciendo) por lo que estás viviendo… por lo que están viviendo todos los que aún hacen su vida en tu hermoso suelo… Te pido perdón por “estar desconectado” y casi que escondiéndome para no ver las fotos de esos chamos que se están inmolando por ti, por mi y por nuestros hijos… Te pido perdón por no tener la entereza de escuchar con ecuanimidad a los de un lado y a los del otro…

Pero, sobre todo, te pido perdón Venezuela por haber perdido la fe… Te pido perdón por creer que la suerte está echada y que hay padres llorando a unos hijos que se han sacrificado en vano, por no creer en la voluntad de ninguno de los dos “bandos” de ponerse de acuerdo con el otro, por no tener ningún tipo de confianza en tantas cosas vitales como cicatrizar las profundas heridas sociales que hay en el país, recuperar una economía absolutamente destrozada e hipotecada o que no haya en mi país 5 de las 50 ciudades más peligrosas del mundo.  He nombrado éstas por hacer tres grandes generalizaciones que se podrían ir ramificando en pequeñas situaciones cotidianas como volver a hablarle a los chavistas de la familia, conseguir harina pan o no sufrir porque mi esposa no ha llegado a casa y está oscureciendo…

Y es muy duro haber perdido la fe, Venezuela… Muy duro… Escribo lidiando con la acidez, las ganas de llorar y el deseo de mandar todo a la mierda, montarme en un avión y unir mi pecho a los millones de blancos a los que apuntan las balas que, desgraciadamente, sobran en tus calles…

Así que te vuelvo a pedir perdón… Ya no sé ni por qué… Porque no se me ocurre nada mejor que hacer o decir… Porque así trato de acallar mi sentimiento de culpa… Porque pedirte perdón a ti es pedírmelo a mí mismo, a mi hijo, a mi familia, a mis amigos, a mis profesores, a todos y cada uno de los venezolanos que sí creen en un país “mejor”, “diferente”, “nuevo”…, cada uno tendrá su adjetivo favorito…

Te pido perdón Venezuela…, una y mil veces…, porque nos disculpamos con quienes son importantes en nuestra vida… Te pido perdón desde el amor que te tengo…, desde el agradecimiento por lo que me has dado y el hombre en el que me he convertido gracias, entre otras cosas, a ti y a los tuyos…

Te pido perdón Venezuela…, eso sí, sin dejar de amarte, extrañarte y deseando con todo mi corazón estar equivocado…

Positivismo selectivo

Así como hablamos de memoria selectiva para recordar sólo aquello que nos interesa, que nos gusta, que no nos hace sufrir…, pues así mismo parece que nos pasa con el positivismo.

Ayer nada más proclamarse el equipo español campeón de la Eurocopa todo era euforia, alegría, fiesta…, entrevistaban a gente por la calle y ya se sentían campeones del próximo mundial (Brasil 2014). En Telecinco entrevistan a un pletórico José Antonio Camacho y ¾ de lo mismo; su reflexión era que sólo falta por saber quién será el rival de España en la final de Brasil…

Es muy, pero que muy curioso, que durante toda la Eurocopa (sí, esa que acabamos de ganar y nos tiene tan felices y optimistas) tuvieran más fuerza las opiniones negativas que los halagos a esta generación inmortal de futbolistas. ¿Ganarán el mundial de Brasil? Imposible decirlo ahora, pero hoy mucha gente ESTÁ CONVENCIDA que sí… Esto es optimismo en su estado más puro.

Mi esposa me preguntó al terminar el partido ¿por qué no podemos ser igual de optimistas con cosas como la economía o el futuro de este país? Y yo comparto con ella la sensación de que se es extremadamente negativo analizando estos temas. Hay días que entre la prensa y el timeline de Twitter parece que el mundo está a punto de saltar en mil pedazos y perderse en un agujero negro que succionará cualquier resto de vida… Como decimos en Venezuela: “Ni tan calvo, ni con dos pelucas”…

  • ¿Vivimos una época convulsa? – Sí, pero nunca está más claro el cielo que después de la tormenta…
  • ¿Tenemos que comprometernos, implicarnos y CAMBIAR? – Sí. Yo estoy 100% dispuesto ¿tú?
  • ¿Tenemos un equipo de líderes en que confiar? – No (pues tendremos que elegir a otros ¿no?)
  • ¿Hemos tocado fondo? ¿Saldremos de ésta? – Me niego a contestar semejantes artilugios retóricos que no aportan nada a encontrar una solución a nuestros problemas.
  • Hoy me despido con un “collage” de algunas de las frases que llevo siempre en la cabeza y utilizo para mantenerme positivo y trabajando en pro de mis metas:

    Más confianza y menos miedo.

    Que las musas te encuentren trabajando.

    Semáforo rojo para los agoreros y “Dementors”.

    Somos lo que pensamos.

    A POR ELLOS OEEEE… XD

    Hablamos…

    Zona de confort masificada…

    No es secreto para nadie que cada lugar de este planeta (y supongo que de otros) tiene su propia cultura: sus costumbres, tradiciones, creencias…

    No sé si es por estas diferencias culturales, por referentes históricos o hasta por inconsciente colectivo, pero una de las diferencias que más me ha llamado la atención siempre es la “visión de futuro” que hay en Venezuela y su diferencia con la que siento que hay aquí en España.

    Yo crecí en Venezuela, donde el término emprendimiento no se usaba como vocablo habitual, pero era una realidad masiva. Para evitar generalizar voy a decir que un elevado porcentaje de la población sueña con tener un negocio propio, aún cuando esto signifique “alejarse” de la carrera que estudiaron. Allí (donde no hay una jubilación digna, todo sea dicho), la idea de trabajar para otro es una manera de preparar el terreno para luego “montar algo que sea mío”. Me voy a permitir utilizar el ejemplo de dos buenos amigos:

    Rolando es abogado (le costó, pero al final se apiadaron de él jeje), sin embargo tiene una empresa de organización de eventos y está especializado en espectáculos pirotécnicos. De hecho, gracias a su trabajo logró pagar su carrera universitaria. ¿Trabajará algún día como abogado? Puede que sí, pero tengo mis dudas…

    Ricardo es Licenciado en Gerencia hotelera (estudiamos juntos gran parte de la carrera). Cuando salió de la universidad trabajó como encargado en el bar de un amigo, luego trabajó en el departamento comercial de una de las cadenas de cines más grande de Venezuela, empleo que dejó para montar su propia empresa de publicidad y un par de “corners” de venta de helados en sendos centros comerciales.

    Mientras tanto, aquí en España y, nuevamente, sin intención de generalizar, la gente siente un temor elevadísimo de “montar su negocio”. Trabajar para otro es el escenario ideal y ser funcionario un sueño peligrosamente generalizado.

    Yo creo que el mercado da para todos: funcionarios, asalariados, emprendedores, multinacionales, PYMES…, lo que me preocupa son las proporciones; y dando un paso más, me pregunto si esta búsqueda masiva de estabilidad no tiene parte de culpa en esta época de inestabilidad económica, política y social que nos toca vivir.

    ¿Qué te parece?

    Hablamos…